Recuerdo sobre el terremoto del 28 de agosto de 1973, en la conubarción Córdoba-Orizaba-Río Blanco-Santa Rosa


por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Fue una espera larga, angustiante y llena de pertinez lluvia,  para que llegara la luz de la mañana del 28 de agosto de 1973, tras el trepitar de toda la región de Córdoba y las Altas Montañas, en el estado de Veracruz,colindando con la sierra poblana que engloba a Ciudad Serdán, muy cerca del volcán Pico de Orizaba. Era de madrugada. La oscuridad envolvía la ciudad, ya sin luz eléctrica y las personas que con linternas caminaban por las calles lóbregas, parecía  ser fantasmas luminosos, avanzando entre postes caídos y pedazos de fachada en la zona centro de la ciudad de Los Treinta Caballeros.

El terremoto de más 7 grados nos despertó a todos los cordobeses con un sacudón inicial de la tierra y después un extraño ruido proveniente del suelo, como de una interminable descarga de piedras chocando entre sí, despeñandose hacia las entrañas de la tierra. Luego el retumbar  de los edificios, que parecía el fragor de un viento del sur poderoso que arreciaba por encima de todos los techos de las casas, mientras en nuestras hogares, despiertos ya, caíamos varias veces, al no poder mantenernos en pie por los movimientos constantes y trepidatorios  característicos de un fenómeno de esa naturaleza.Imagen relacionada

Cuando acabó, comenzó el silencio y la larga espera para que amaneciera. Nunca antes los cordobeses, en lo que iba del siglo veinte habían sentido un terremoto de esas dimensiones. La repercusión del ocurrido en la zona de Teocelo y Cosautlán de Carvajal, en 1920, apenas si fue una jalón de tierra para los ahora impactados habitantes de la zona centro de Veracruz, afectando Orizaba,  Serdán, Puebla, Córdoba, Nogales y poblaciones de las Altas Montañas de Veracruz. Alrededor de 2000 mil muertos habrían de reportarse en los siguientes días. Para los que sobrevivimos, los más, quedaba el peor de los recuerdos de lo que significa la furia de un terremoto en  sus  vidas.Imagen relacionada

Se reportó que la magnitud fue  de 7 grados en la escala de Richter, con variadas crestas oscilatorias.  El centro de Córdoba fue recubierto de vigas de sostén para  algunos edificios que podrían caer en cualquier momento. El edificio de Telégrafos, hoy  Casa del Obispado, era uno de ellos. Enfrente, un edificio alto, en la esquina, mostraba el interior de sus cuartos porque la pared exterior se había desmoronado. Durante muchos tiempo la ahora catedral de la Inmaculada Concepción permaneció cerrada al culto, ya que  su nave central. techo principal y cúpula principal  se agrietaron de manera extrema. Varios de los santos fueron tumbados de sus altares y  el reloj de la fachada mantuvo durante años la misma hora de las cuatro minutos antes de las 5 de las mañana, porque el terremoto había estropeado su maquinaria.La imagen puede contener: exterior

Cuando se hizo la luz de la mañana del 28 de agosto, los habitantes de Córdoba salieron,como en procesión, a recorrer las calles de Córdoba, para mirar -como si fueran atónitos turistas en su propia tierra-  los daños que había causado el siniestro. Hubo muertos en las colonias pero no en el centro. El caso del conocido cordobés Lucio Pérez fue recordado porque fue una víctima del terremoto no por haber sido sepultado por pared o techo alguno, sino por que una vez acabado los movimientos, sufrió un paro cardiáco. Otro suceso casi anecdótico el de la familia Montero, allá por el rumbo del Mercado Revolución, que no habiendo sufrido mayores daños dentro de su departamento en el clímax del macrosismo, cuando salieron al balcón  algunos de sus integrantes, la losa se quebró y cayeron a la calle, sufriendo contusiones y fracturas de huesos los desafortunados.Imagen relacionada

Los rumores de que en Orizaba había  sido peor la consecuencia de los crepitares de la tierra hizo que por primera vez se unieran más las dos ciudades, caso excepcional entre ciertos sectores de sus poblaciones que mantenían una rivalidad que afloraba en eventos deportivos, llegando los golpes, o en insultos diversos entre los ciudadanos de los dos lugares. Para los orizabeños los cordobeses no eran mas que unos nigüentos, haciendo alusión a ese insecto maloliente y chupasangre que anida en los colchones de las casas carentes de higiene adecuada. Para los cordobeses,  los orizabeños recibían el mote de chayoteros, con una dosis alusiva a la pobreza supuesta de los habitantes de Pluviosilla y a la producción de ese erizo vegetal, que se cultivaba en el lugar cercano de Ixtazoquitlán.La imagen puede contener: cielo, montaña, exterior y naturaleza

Pero ese 28 de agosto  se hermanaron. Orizaba habia recibido más duras consecuencias del fenómeno natural que habia alterado su dormir la madrugada de ese dia. El edificio de varios pisos de la Packard se había derrumbado, quedando casi a ras de piso su gran azotea; la antigua Plaza de Toros, orgullo de una ciudad aficionada  a la tauromaquia, se derrumbó a los 8 y media de la mañana, casi cuatro horas después del terremoto principal, al no resistir los jalones de una réplica; el Cine Real se vino abajo, también la primaria “Josefa Ortiz de Domínguez”, por otra réplica a las doce del días; y del hospital civil a un lado de “La Concordia”, solo quedó en pie la fachada, los techos se vinieron encima de los enfermos y personal médico para dar una cifra de 70 personas fallecidas. Y hubo más edificios con daños, que tardaron años en ser reparados. Lo más notable fue que muchos cordobeses se trasladaron a Orizaba a unirse con sus “enemigos de antaño”, los orizabeños,  para unirse hombro con hombro para remover escombros y rescatar personas con vida que estaba sepultados bajo  las losas de sus casas.La imagen puede contener: exterior

En Orizaba, algunos recuerdan que justo a la hora del inicio del terremoto, el Pico de Orizaba comenzó a iluminarse en lo alto de su cráter debido a la aparición intempestiva de rayos que parecían descargar su furia contra la descomunal montaña, la más alta de México. Más hacia arriba, pasando por Río Blanco, Nogales, Ciudad Mendoza  y Ciudad Cerdán, los daños fueron más fuertes. En Ciudad Cerdán hubo manzanas enteras derruidas e hileras de ataúdes al día siguiente llevados al cementerio en largas procesiones de sus familiares que no esperaban una demostración tan cruel y demoledora, como la de aquella madrugada del 28 de agosto de 1973.Resultado de imagen para terremoto de orizaba 1973

Durante toda una semana la zona fue noticia mundial. El presidente Luis Echeverría, junto con el gobernador Rafael Murillo Vidal, recorrieron algunos de los lugares afectados y externaron sus condolencias a los deudos. El plan DNIII del Ejército Mexicano se aplicó durante varias semanas, con brigadas de soldados ayudando a remover escombros y a repartir alimentos entre los habitantes de las zonas afectadas. Figuras notables del periodismo mexicano, como Jacobo Zabludosky realizaron reportajes desde el lugar de los hechos. Corresponsales extranjeros fotografiaron los daños y entrevistaron a damnificados.

Pero también, durante casi toda una semana, al menos en Córdoba, una carro con bocinas recorrió las calles anunciando que había que estar prevenidos porque cualquier momento, podría sobrevenir una réplica igual o mayor al gran sismo sucedido el martes 28.  La zozobra cundió entre los habitantes y hubo noches de insomnio persistentes para muchos de ellos.  Efectivamente hubo dos o tres réplicas de menor magnitud, entre el miércoles 29 y el jueves 30, pero si hubo otras, ya no fueron percibidas.

El terremoto duró poco más de 2 minutos, pero el trauma persistió durante años. Todavía entre los pobladores de la zona, que rebasan los cincuenta años de edad, cualquier pequeño temblor provoca pánico por la previsión de que se convierta en un terremoto igual al sucedido en el inicio de la década de los setentas del siglo pasado. Afortunadamente no se ha repetido el fenómeno a ese grado de intensidad. Pero el peligro es potencial y permanece en una región colindante a macizos montañosos llenos de volcanes.

El Pico de Orizaba, al parecer dormido, puede ser, como aquella madrugada del 28 de agosto, el eje de otra sacudida tal vez igual, tal menor o tal vez mayor, en un futuro incierto ante las fuerzas de la naturaleza.

 

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