EL DELINCUENTE SE FUE CAMINANDO POR DONDE VINO


por: Jorge A. González

Por Jorge A. González, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Joven ve a un tipo con intenciones extrañas pegado a la pared de una vivienda.

Él va con su hermana a la tienda, voltea y ve al sujeto como salta la barda.

Es una casa color verde, de interés social en el Infonavit Geo Villas Los Pinos 1. Al norte de la ciudad de Veracruz.

Dentro, nadie vive, funciona como oficina de comunicación, no obstante, por la pandemia dejó de funcionar.

El muchacho vive a pocas cuadras, le avisa a otro vecino taxista, que a su vez llama a otro vecino.

El sujeto está adentro. Tres personas afuera. Les falta el dueño de la casa.

Se informan. Van y toca en la casa de los responsables de la vivienda.

Sale la persona indicada, lo ponen al tanto; aseguran que hay una persona dentro.

El responsable de la vivienda observa que la puerta de la cocina está abierta.

Es extraño dice, esa puerta, aunque es de aluminio, tiene una protección de metal por dentro.

Uno de los vecinos le dice, mejor espere, mientras el vecino taxista llama a la policía desde su celular.

En el C4 le hacen todas las preguntas habidas y por haber, casi le piden el acta de nacimiento.

Transcurren cuando menos unos 15 minutos. Tiempo perdido.

La persona continúa adentro, se percata que hay cuatro personas esperándolo afuera.

El responsable del inmueble va a su casa por las llaves de esa oficina.

Uno de los vecinos le dice no intente abrir, no sabemos si tenga algún arma o cuchillo.

Todos coincidieron en que era mejor esperar

a la policía.

Puede ser una imagen de interior

Cuando el responsable de la casa regresa con las llaves, el sujeto ya había saltado hacia afuera.

Las tres personas apostadas ahí, ya lo tenían acorralado contra la pared.

Indudablemente lo vieron saltar de regreso, seis ojos se percataron que salía de una vivienda ajena.

-¿Qué haces adentro de la casa? Dijo el responsable de la vivienda.

Nervios, tocándose los bolsillos del pantalón y con mirada preocúpate, bermudas sucias y playera tejida color crema percudida, respondió.

-No maestro yo no he hecho nada. Yo sólo entré pero no tengo nada. No me llevo nada. Es que otros ya habían entrado pero le juro yo no hice nada. Yo soy pepenador.

Molesto, furioso, a punto de explotar. El responsable de la casa responde.

-Maestro se pepena en la calle no en propiedad privada, y lo que estás haciendo es allanamiento de morada.

El hombre se agarra la cabeza, se agacha, con sus dedos toma papeles tirados en el suelo y los rompe, pretende hacerse pasar por indigente y enfermo de sus facultades mentales.

Los vecinos pretenden lincharlo porque, decían: lo conocemos, no es la primera vez que lo hace.

Al rededor de 30 minutos tardó la patrulla en llegar.

Son policías municipales. Pistolas, radios y chalecos antibalas.

Tres elementos de tés morena descendieron de la unidad.

Con prepotencia, intimidantes, siempre queriendo preguntar primero sin dejar que la gente se exprese.

Lo primero que hicieron es preguntar quién era el responsable de la casa.

Querían una identificación, se les proporcionó más de una.

Se les abrió el domicilio. El tiradero de cosas estaba a la vista.

Trastes, herramientas, aparatos de computo tirados, desacomodados. Un desastre.

Aquella casa, violentada; primero en un tramo de aluminio de la puerta de la cocina, luego fierros retorcidos de una endeble protección.

Por ahí, sacaron ventiladores, computadoras, cámaras profesionales, un kit de herramientas, taladros, y lentes de cámaras.

Se les mostró a los policías el desastre dentro de la vivienda, pasaron, lo vieron todo y tomaron fotografías.

Los vecinos y el responsable de la casa insisten en que deben detenerlo.

-Se lo deben llevar detenido. Cometió el delito de allanamiento de morada.

Dijeron todos los que retenían al sujeto, mientras le exigían dijeran quién habían entrado antes que él a la casa.

Ante esto, uno de los policías, el que estaba al mando, muy seguro y sin empacho:

-Lo lamentamos pero no nos lo podemos llevar de tenido.

-¿Por qué?

-Dijeron los presentes.

-Porque nosotros no lo vimos que saltara de la barda ni hacia dentro ni hacia afuera.

-Pero nosotros sí lo vimos, estábamos aquí cuando saltó de dentro de la casa.

-Sí, pero nosotros no lo vimos.

Contesto el policía.

-Si nosotros no lo vimos, no les puedo creer a ustedes o a él.

-Bueno pero salió de la casa.

-Sí, pero el hombre no lleva nada. No lo podemos acusar de robo porque no lleva nada de objetos.

-¿Entonces el delito de allanamiento de morada?, dijo el responsable de inmueble.

-Bueno, si quieren poner esa inconformidad, tiene que poner una denuncia ante la fiscalía, pero el hombre queda libre.

Y es cuando el responsable de la casa se pegunta.

¿En realidad para que sirve la policía municipal, estatal y federal?

Para qué gastar en gasolina, radios de comunicación, uniformes, pistolas, balas, vehículo, chalecos antibalas y teléfonos, si los vecinos detienen al delincuente, hacen su “chamba”, y aún así se niegan a realizar su trabajo.

Con una pizca de descaro, el policía le recomienda al dueño de la casa:

-Pues sería recomendable que ponga un circuito cerrado, cámaras de frente, pues para que le piensen dos veces en entrar.

Mientras que otro policía, con el menor escrúpulo, interviene y dice:

-Es que si nos lo llevamos y hacemos una mala detención; de que pierda mi trabajo……..

El agraviado completó en su mente la frase.

-De que pierda su empleo, prefiere, el policía, que el ciudadano se joda, y pierda sus bienes.

¿Les parece congruente la reflexión de un funcionario público que se supone salvaguarda la integridad y los bienes de los ciudadanos?

A plena luz del día. Como a las 16 horas. La policía dio por concluida la diligencia.

El resultado de todo: dejaron libre al tipo que había cometido el delito de allanamiento de morada.

La policía no hizo absolutamente nada. Sólo tomaron fotografías, hicieron llamadas por radio y se marcharon.

El responsable de la casa se quedó con sus pérdidas de más de 70 mil pesos, con todo revuelto, con la frustración y con una reflexión.

Creo que sale mejor hacer justicia con su propina mano, romperle una pierna al delincuente, que se lo lleven a playa linda, pague la fianza, salga libre, y por lo menos se haga lo más mínimo de justicia por propia mano.

Hemos visto a través de las noticias cómo linchan a delincuentes, en incluso los queman o los golpean hasta la muerte.

Estos fenómenos que se han

visto en todo el país, se deben a la obsoleta estrategia de vigilancia policial y al inepto sistema de justicia penal.

Esto va para los responsables de la seguridad de los veracruzanos desde el punto de vista psicosocial:

Cuando no hay justicia hay frustración, y cuando hay frustración hay dos caminos.

El primero es esperar la justicia divina, la que jamás llega, ni reparación del daño y con carpetazo incluido.

La segunda es la más peligrosa.

Porque el agraviado tiene una furia contenida, tiene sed de venganza que le nubla el pensamiento.

Y cuando una persona tiene estas características psicológicas, es la mecha que puede desatar la “rabia”.

Y no es para menos ver como el delincuente es visto irse ante los ojos de la policía, de los vecinos que pretendieron retenerlo y de la persona que fue despojada de sus bienes.

Verlo irse porque tu palabra no vale, porque seis ojos no bastaron para detenerlo, porque el desorden no fue motivo, porque la desaparición de los objetos tampoco son elementos para detenerlo.

Los destrozos no fueron motivo, porque el verlo saltar y retenerlo tampoco bastó.

Y porque estos señores que se dicen policías, simplemente no lo vieron, y paradójicamente se asumen como jueces, posición que según quieren evitar porque no vieron nada y el delincuente no se llevaba nada.

No obstante de alguna forma, aunque no lo quieran, toman partido, inclinan la balanza, y desgraciadamente no es para el lado justo.

Ellos, los tres policías, DECIDIERON darle el beneficio de la DUDA AL VICTIMARIO QUE A LA VICTIMA.

Y SÍ, ESE AGRAVIADA FUE EL DE UN SERVIDOR.

Así fue el robo de la casa habitación donde guardamos nuestros objetos de trabajo que a mi esposa y a un servidor nos han costado mucho años de trabajo.

Nuestros vecinos se ofrecieron a hacer justicia, a irlo a buscar, a darle un escarmiento, a que diga con quiénes más trabaja.

Se ofrecieron a lastimarlo y desahogar esa creciente frustración de inseguridad colectiva.

Les pedí no hacer nada. La violencia genera más violencia, y eso no devolvería nuestros bienes.

Y es que los atracos y las invasiones a casas habitación no sólo lo padecimos nosotros, se ha convertido en un deporte en los Infonavit de la zona norte.

Decidí no ir ante la Fiscalía del Estado a poner la denuncia, preferí llamarle a mi herrero e invertir en la seguridad del inmueble.

A una amiga periodistas se le metió un sujeto a su casa, puso la denuncia, y a más de una semana, es momento que la policía investigadora no se aparece en el lugar.

Evité no ver las caras duras de quienes te atienden en la fiscalía, de la burocracia para solicitar una supuesta justicia que se nos debe dar no pedir.

Decidí tomar acciones de auto protección, porque es un hecho, la policía municipal no sirve, no actúa, no es útil a la ciudadanía, no representan “figuras de seguridad” y menos de “tranquilidad”

Y cuando no hay certeza de justicia ante una población molesta y frustrada hay que tener mucho cuidado señores funcionarios de seguridad pública.

Se está a un centímetro de que se haga lo que se estila en el Estado de México y en los estados de tierra caliente, donde no hay Piedad contra los ladrones.

Eso representa ingobernabilidad, irresponsabilidad y el delito del incumplimiento de un deber legal al ser la autoridad municipal la responsable de brindar seguridad a la población de su municipio.

Y este mensaje lleva dedicatoria para el señor Fernando Yunes Márquez, alcalde de Veracruz, es claro que puede dormir tranquilo porque sus bienes y su familia están a salvo.

Y es lo que debe hacer todo jefe de familia, mantener a su familia a salvo, en nuestro caso, con nuestros propios medios y a través de nuestro métodos.

¿Cree usted que el SR. ALCALDE puede dormir tranquilo sabiendo que muchas familias son despojadas, atacadas y hasta asesinadas en estos atracos a diario?

YO, SÍ, SÍ CREO QUE NADA LE QUITA EL SUEÑO.