En Pocas Palabras…Esas cartas…


Por María Elvira Santamaría Hernández 

por María Elvira Santamaría Hernández , egresada de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Padre, me puse a escombrar el librero que le hiciste a mis hijos cuando estaban en la primaria y que con el paso de los años se fue llenando de hojas sueltas, libros, libretas y quién sabe cuanta cosa más. La tarea de limpiarlo tenía tiempo de ser pospuesta, pero en este primer día de vacaciones ya no le di más vueltas.


Fue grato. Al principio parecía algo fastidioso pero, fue grato. En uno de los estantes habían guardados 14 discos “long play” esos grandotes que ya casi nadie tiene y que los chavos difícilmente conocieron. Había una funda de Parchis, otra de Camilo Cesto, también encontré un disco de Los Joao y uno más de la jarocha Yuri con su éxito “Pequeño Panda”. Tenían algo de polvo y al quitárselo, volaron en sus partículas mis pensamientos transportándome varios años atrás. Cuántos años padre, cuántos, en los que paso a paso comprendí tu sitio en mi vida al advertir el que mi esposo y yo ocupamos en la de nuestros hijos. Entre los sobres amarillos llenos de papeles, hallé uno que tenía algunas cartas. Reconocí su tiempo al ver el sobre con el membrete de tu negocio: Santamaría…Carpintería y Ebanistería…Avenida 1 número 613…Córdoba, Veracruz.

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Eran tus cartas padre y las de mi mamá, en las que me decían que estaban bien, que todo marchaba y que no me preocupara de otra cosa que no fuera estudiar…eran sus palabras, su letra, su amor…la tinta transmitía cariño sin dejar ver las estrecheces ni las mortificaciones que seguramente pasaban.


Ah, también saqué un sobrecito blanco. ¿Y qué crees que tenía? Unas fotos mías amarillentas tamaño credencial, que me tomé poco antes de casarme. Imagínate que tan delgada estaría que en las imágenes se me ven los ojos grandes, a mí que los tengo de apipizca…llevaba una blusa a rayas ¡qué horrible!…seguramente entonces me sentí soñada…y quien no a la edad de 24 años…


No he avanzado mucho en la limpieza del librero. A cada paso me detengo y rememoro detalles con las cosas que encuentro. Tampoco he conseguido tirar demasiado, erróneamente me resisto a deshacerme de esos objetos como si ellos encerraran mis afectos. No voy a acabar hoy la tarea. No puedo, no quiero… Estoy disfrutando, estoy saboreando las remembranzas que me trae. Estoy descubriendo los tesoros que han estado dormidos en las gavetas, como esas cartas papá, tuyas y de mi mamá…

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María Elvira.
28/XII/02

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